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“¿Cómo pude haber dicho algo tan estúpido?”
“Eso fue  algo tonto! Debería haber sido mejor!”
“Nunca voy a hacerlo bien! ¿Por qué molestarse en tratar??”
“Me gustaría  no ser tan torpe! Por qué no puedo ser más elegante y grácil, como Janet?”

¿Algo de esto resulta familiar para usted? Esa fue mi voz interior, hace varios años. Esa fue la voz en mi cabeza, constantemente molesta, oponiéndome a mí misma, deseando ser diferente, mejor, más inteligente, más fuerte, más espiritual. Deseando ser alguien más pero quién era?

La lección más significativa que he aprendido al estar a punto de morir es que a menos que me ame a mí misma, nada más en mi vida puede funcionar bien. El profundo significado y la cantidad de alegría que experimento en mi vida es directamente proporcional a la cantidad de amor que siento por mí misma. La cantidad de amor, la bondad, la paciencia que tengo para otros también es directamente proporcional a la cantidad de amor, la paciencia y la bondad que tengo para mí misma, porque no podemos dar a los demás lo que nosotros mismos no tenemos. Y, como era de esperar, la cantidad de amor, respeto, apoyo y compasión que recibo de los demás es también directamente proporcional a la cantidad que tengo para mí misma.

A muchos de nosotros se nos enseña desde una edad temprana a “amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.” ¿Pero y si no nos amamos a nosotros mismos? ¿Qué pasa si somos nuestro peor enemigo, y nuestro crítico más duro? ¿Si tratamos a los demás como nos tratamos a nosotros mismos, entonces estamos juzgando a todos los demás con la misma brocha dura que estamos utilizando para pintarnos a nosotros mismos? ¿Es por esto que hay más personas en nuestro planeta obsesionados con tratar de condenar al que es diferente, en lugar de aprender a abrazar a todos los que comparten nuestra tierra, y regocijarnos en nuestras diferencias?

Aprender a amar a los demás comienza con aprender a amarnos a nosotros mismos incondicionalmente primero. Esto parece ser un secreto bien guardado, que nadie me enseñó cuando yo estaba creciendo. Al contrario, me animaron cuando aún era muy joven para estar de última, que es egoísta amarnos a nosotros mismos, o decir que nosotros primero. De hecho, solía dar y dar de mí misma, sin atender a mis propias necesidades, hasta el punto de que llegue a sentirme tan agotada que comenzó a afectar mi salud. Continuando en esta línea, constantemente creía que tenía que trabajar en mi misma porque no era lo suficientemente buena. Así que continué trabajando en ser “mejor”, más amable, dar “amor,” ser más “espiritual”. Siempre estaba juzgándome a mí mismo porque nunca sentí que hice lograba ser mejor.

Y entonces me dio cáncer.

De hecho, casi me muero de cáncer! Pero mi cáncer era el regalo más grande que jamás podría tener. A punto de morir me enseñó a vivir. Mi cáncer me enseñó la importancia de amar y valorarme a mí mismo incondicionalmente por lo que soy – un ser perfecto del universo, que es digno y merecedor de amor, sin necesidad de probarme a mí misma, ser mejor o cambiar de ninguna manera. Me di cuenta de que soy una persona que tiene derecho a expresar mi singularidad con abandono.

Ahora también entiendo que no tengo que trabajar en ser espiritual. Ser espiritual es lo que somos, es nuestra esencia, nos demos cuenta o no. ¡Es nuestra verdadera naturaleza, por lo que no se puede no ser espiritual! Ser uno mismo y ser espiritual son una y la misma cosa.

Debido a mi experiencia, nunca me abandonaré a mi misma… nunca más. Nunca estaré abajo, o me trataré a mí misma como un felpudo, o hacerme pequeña para que otros puedan sentirse grandes. He aprendido que este es el mayor regalo que doy no sólo para mí, sino también para el planeta, ya que pinto a otros con el mismo pincel que  yo uso para mí.

Mi vida es mucho más alegre y significativa ahora, y tengo mucho más amor para compartir con otros, no lo que yo he hecho antes, es lo que yo hago ahora,  sin condiciones, y sin necesidad de vaciarme a mí misma. Pero lo más importante, y ahora entiendo, es que si no expreso mi autenticidad, el Universo será privado de lo que vine a ser aquí.

 

-La Pieza anterior se publicó el 20 de agosto de 2013 en el Huffington Post.

Traducción:  KRM América Zamora, R.M.

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