Meditación en pareja.

En la esencia del Zen prevalece esta tradición de la comunión meditativa entre dos seres, dos maestros espirituales o entre maestro y estudiante, llamada “de corazón a corazón”.

Sentarse frente a frente, poner las manos en contacto, con el símbolo del Cho-ku-rei en la mano derecha y la del Sei-he-ki en la izquierda, formando un circuito entre ambas personas que potencia lo positivo y purifica lo negativo de la relación.

Al mismo tiempo proyectar el Hon-sha-ze-sho-nen desde el propio corazón al corazón de la otra persona, creando un canal permanente de Luz y un contacto con el nivel causal del ser entre ambos.

Cuando cualquiera de los dos lo desee, bajar las manos al mudra de la comodidad (sobre las rodillas) u otra posición de meditación, y compartir el propio espíritu en silencio, mientras mantenemos el rayo Hon-sha-ze-sho-nen entre los corazones.

La mirada puede estar entreabierta, vislumbrando la forma física de la persona que medita con nosotros.

Cuando uno de los dos desee concluir, simplemente une sus manos al pecho en Namasté y se inclina saludando a su compañero.

Participar meditativamente de la Presencia espiritual del otro es una experiencia de comunión y comunicación profunda.

Pueden aparecer intuiciones, mensajes, visiones…, pues estamos accediendo al cuerpo causal y a la memoria kármica de la otra persona desde el nivel de la pura consciencia del ser.

Esta práctica es muy íntima, como una unión amorosa, y es un verdadero gesto generoso el invitar a alguien a unirse a nuestro espíritu e interioridad. Puesto que el acto sucede por ambas partes a la vez, es revelador de una motivación fraterna muy pura, y una práctica maravillosa para las parejas, como para los familiares que desean armonizar sus almas desde el fondo de sí mismos.

No hay forma mas profunda de resolver cualquier conflicto que sentarse en silencio y abrir sus corazones mutuamente, con una sonrisa, estableciendo un canal de Luz/Reiki.